Mediante un ejercicio de construcción de línea de tiempo en el marco del proyecto "Reconstrucción del Capital Social y Ciudadano" realizado entre julio de 2009 y julio de 2010 y financiado por la Asesoría de Paz de la Gobernación de Antioquia, la Alta Consejería para Reintegración y la Unión Europea y Operado por la Fundación Oleoductos de Colombia, las comunidades del Bajo Cauca establecen los siguientes antecedentes históricos.
Desde la década de 1980, se da en la región un auge de la explotación del oro, que trajo consigo una serie de cambios en el relacionamiento social que es nombrado por sus habitantes como “descomposición social”, la cual describen con hechos como el abuso del alcohol y la prostitución. Además se dan cambios en el ambiente como la degradación y contaminación de la tierra y las aguas, el desplazamiento de los propietarios de tierras y la venta de las mismas a bajos precios, situaciones que favorecen principalmente a los dueños de los negocios de explotación minera y agropecuaria. Estas condiciones de vida y encarecimiento de las tierras, provoca también un encarecimiento de alimentos.
Posteriormente en los 90, llegan a la región dinámicas propias del narcotráfico: el cultivo, la venta y el consumo de sustancias ilícitas, actividad de la cual Caucasia se convierte en el centro. Con éste elemento de lo ilícito se establecen también unas formas de vida en las cuales ya toman fuerte protagonismo los grupos armados ilegales, distribuidos como guerrilla en las zonas rurales y paramilitarismo en las zonas urbanas. La presencia de éstos actores complejiza las formas y relaciones sociales y económicas de la región, inmersas desde ese momento en formas productivas a partir de cultivos ilícitos, especialmente la marihuana.
Estos cultivos, y la creciente explotación del oro en la minería son motivantes de una ola de migraciones desde la Guajira, con la cuales comenzaban a habitar la región personas con mentalidad explotadora que se motivaban por su posibilidad de ganancia individual y no se arraigaban al territorio, a las costumbres y formas de vida de la población, generando unas modalidades de apropiación de los territorios que resultaban perjudiciales para los habitantes del Bajo Cauca, en cuanto engrosaban sus corredores de pobreza e indigencia, pero por su parte estos migrantes sólo se concibían a si mismos dentro de sus intereses de explotación y generación de ganancias, para luego regresar a sus lugares de origen, plan que no se concretó en la mayoría de los casos y entró a ser parte de las problemáticas internas de la región. Esta difícil situación con nuevos actores migrantes desarraigados grupos armados, también visibilizó un fuerte incremento de problemas como el aumento de la mortalidad, la prostitución de menores y la violencia intrafamiliar. Además de las situaciones problemáticas ya enumeradas, se da la inmersión a la zona de empresas como Postobon, Ecopetrol, Pavicol, algunas instituciones representantes de la Banca, Empresas de Transporte: Transportes Unidos Caucasia, Transcauca y Cotraflucan.
Con el incremento e intensificación de la explotación minera se da la llegada de la maquinaria pesada para la explotación del oro, con lo cual se agrava la erosión de la tierra. Además de convertirse en “centro del oro”, Caucasia también es calificada como “centro de la coca” los cultivos ilícitos ya mencionados se suman las grandes plantaciones de coca y con ella, en los escenarios locales comienza el protagonismo de los grandes narcotraficantes. El comercio de la coca agudiza el conflicto y la confrontación entre los grupos armados presentes en la zona, desatando las prácticas de desaparición forzada, extorsión y toda una serie de eventos violentos originados e intensificados por el ciclo productivo y comercial y el negocio de la coca.
Como respuesta de la sociedad civil, y forma de oposición a la compleja situación de orden público, también se da en los 90 un auge de las organizaciones de la sociedad civil como JAC, Mujeres, Discapacitados, Desplazados, Veedurías Ciudadanas que son alentadas y comienzan un proceso de formación animado por las Instituciones de Educación Superior y la nueva forma de hacer política que sigue a la descentralización del Estado. En infraestructura ésta década también es significativa para las personas, pues resaltan la construcción del puente Carlos Lleras, se acaba el Ferry como medio de transporte, se construye la Clínica Pajonal en Caucasia y llegan empresas como Telecom, el Oleoducto central y su Fundación Oleoductos de Colombia y la Subasta Ganadera.
En la actualidad y el panorama si bien aún contempla situaciones conflictivas, hechos violentos y “degradación social”, también comienza a ceder protagonismo a la movilización y capacidad organizativa de la sociedad, que encuentra respuesta en programas, políticas y proyectos Estatales, de los que se destacan los COMPOS, y de actores privados que también son vistos como elementos característicos de las dinámicas sociales de la región. Entre estas iniciativas se destacan los procesos de desmovilización y atención a la población en situación de desplazamiento.
La llegada de instituciones como la Universidad de Antioquia y el SENA hacen que se vea al municipio de Caucasia como un referente de la educación y del acceso a la formación técnica, tecnológica y profesional, dando otro matiz a las intenciones y formas de comportamiento y vida de las personas migrantes que ahora bajo una mirada más positiva permite que los lugareños perciban la multiculturalidad como pilar de su identidad.
El transporte público es transformado completamente con la aparición del moto-taxismo. Llegan grandes empresas y almacenes de cadena, se fortalece la presencia del sector de la banca.
Acciones estatales como la erradicación de cultivos en la región y zonas aledañas genera un desplazamiento a gran escala y en ocasiones las lógicas desatadas por la política de seguridad democrática y la negación del conflicto han endurecido un clima de intolerancia, una alta tasa de homicidios y de reclutamiento forzado.
Dentro de las políticas públicas aplicadas se fortalece entonces la gestión de los planes de desarrollo locales del lado del fortalecimiento de la organización y participación ciudadana. Estos ritmos paradójicos de las formas sociales atraen a la región la mirada de actores de cooperación internacional y especial énfasis en poblaciones afectadas por temas de salud pública como las madres adolescentes, los embarazos no deseados y el SIDA.

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